Paragraph 175

Título original: Paragraph 175 (Párrafo 175)
Dirección: Rob Epstein, Jeffrey Friedman
Dirección artística: Sterling Franck
Producción: Janet Cole, Michael Ehrenzweig, Rob Epstein, Jeffrey Friedman
Guión: Sharon Wood
Música: Tibor Szemzö
Fotografía: Bernd Meiners
Montaje: Dawn Logsdon
Intervienen: Rupert Everett (narrador), Klaus Müller, Karl Gorath, Pierre Seel
País de producción: Alemania, Estados Unidos, Reino Unido
Año: 2000
Duración: 81 min.
Producido por: Channel Four Films, HBO Theatrical Documentary, Telling Pictures, Zero Film GmbH, Cinemax.

Este documental cuenta las historias de varios hombres y mujeres que fueron perseguidos por los nazis gracias al artículo 175, que castigaba la sodomía en el código penal alemán desde 1871.

Entre 1933 y 1945 fueron condenadas unas 100.000 en base al artículo 175, de los que la mayoría fueron condenados a prisión o cadena perpetua. Entre 10 y 15.000 fueron internados en campos de concentración, de los que sobrevivían unos 4.000 al final de la Guerra. De esas personas, en el año 2000 sólo se pudieron encontrar diez con vida. En el documental, cinco de esos antiguos perseguidos, todos de más de 90 años, cuentan por primera vez su historia y cierran con ello un capítulo histórico.

Párrafo 175 ilumina la persecución de los y las homosexuales en el Tercer Reich, poco documentada hasta el momento, y las consecuencias posteriores para las víctimas basándose en las historias personales de cinco víctimas:

* el medio judío y luchador de la resistencia, que ayudó a refugiados en Berlín durante la Guerra;
* la lesbiana judía, que pudo huir a Inglaterra con ayuda de su amante;
* Albrecht Becker, diseñador de producción alemán;
* Pierre Seel, un adolescente de Alsacia.

Los campos de la muerte (*1)

Se calcula que entre 10.000 y 15.000 homosexuales serían enviados a los campos de la muerte, donde los hombres que eran obligados a llevar el triángulo rosa eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Un doctor llamado Carl Vaernet realizó, en el campo de concentración de Buchenwald, numerosas operaciones cuyo propósito era el de volver heterosexuales a sus pacientes. Su experimento incluía la inserción de una cápsula que segregaba hormonas masculinas. Estos experimentos eran tolerados y ordenados por el mismo Himler y su estado mayor, quienes consideraban una cuestión de honor convertir a estos “elementos antisociales” en alemanes de primera.

El trato a los prisioneros homosexuales en los campos era especialmente duro, tal como relata Heinz Heger en su libro Los hombres del triángulo rosa, al que cito literalmente: “No estaba permitido a los homosexuales que ocuparan ningún puesto de responsabilidad, al menos no en Sachsenhausen. Tampoco podíamos siquiera hablar con prisioneros de otros bloques que llevaran un triángulo de color rojo; según se nos dijeron, estos a se debía a que podríamos intentar ser seducidos. No obstante, las prácticas sexuales estaban más extendidas en los demás bloques, en los que no había hombres con el triángulo rosa, que en el nuestro”.

Y es que dentro del campo de concentración, como señalaba el gran conocedor del tema Eugen Kogon, fue suficiente la mera sospecha para etiquetar a un prisionero como homosexual para exponerlo a la denigración, sospecha en general y peligros especiales. Las generalizadas relaciones homosexuales que al parecer había en los campos estaban, paradójicamente, vetadas a los portadores del triángulo rosa.

Uno de los supervivientes gays de los campos de concentración alemanes, Pierre Seel, relató como él fue arrestado luego de haber denunciado un robo en un club homosexual y cómo fue brutalmente sometido a malos tratos en los campos de Schimeck y de Struthof. En el primero, y sin apenas medios, fue obligado a trabajar en la construcción de un horno crematorio. En el segundo, víctima de todo tipo de abusos y privaciones, fue violado y su cuerpo fue utilizado como blanco humano mientras los nazis le arrojaban jeringuillas en lugar de dardos. “Tengo vergüenza por la humanidad”, dice Seel en un libro que escribió recientemente. No es de extrañar.

El mismo Seel contaba la brutalidad de la policía cuando llegó a la comisaría de su primer arresto. Los homosexuales eran golpeados, humillados, torturados e incluso a los que se resistían los hombres de las SS les arrancaban las uñas. Otros fueron violados sádicamente con renglones rotos que les perforaron los intestinos, lo que les provocó numerosas hemorragias y a algunos incluso la muerte. Este superviviente de este tormento relata como los nazis utilizaban perros que azuzaban para torturar a los gays previamente desnudados; así, al parecer, fueron asesinados cruelmente decenas de ellos.


Ver en Naranjas de Hiroshima TV.


Fuentes de información: Wikipedia, Videoteka LGTB
(info y documental online en HD), (*1) Extracto del artículo El Holocausto Silenciado : Gays en los campos de concentración Nazis, de Ricardo Angoso.

Hafner’s Paradise

Título original: Hafner’s Paradise (El paraíso de Hafner)
Dirección, Guión, Producción: Günter Schwiager
Fotografía: Juan Lucas
Montaje: Martin Eller
Sonido: Miguel Rejas
Producción: Cristina Alía
Intervienen: Paul Maria Hafner, Hans Landauer
(prisonero ien el campo de concentración de Dachau (1941 – 1945), ex-miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española).
Joachim Heyroth
(Miembro del Partido Nazi y ex -combataiente de la Legion Condor).
País de producción: Austria, España.
Año: 2007
Duración: 74 min.
Formato: BetacamDigital, Color-b/w, Stereo, 4/3.
Idioma: Alemán, con subtítulos en castellano.
Distribución: Editado en España en DVD por Cameo.

El paraíso de Hafner (Hafner’s Paradise) de Günter Schwaiger, documental sobre Paul Maria Hafner, antiguo oficial de las SS, quien como muchos otros nazis, encontró en la España franquista un refugio seguro donde no se le hicieron preguntas. En la España denominada democrática tampoco se le hicieron preguntas, ni a él ni a los suyos, hasta que un realizador austríaco afincado en Madrid, se le acercó con una cámara. La película plantea una serie de interrogantes, con la ética como elemento esencial de su trabajo, que cuestionan el juego de intereses políticos de España y de gran parte del mundo occidental.

Schwaiger se encuentra con un personaje insólito y en él centra todo su trabajo. A principios del siglo XXI, Hafner permanece increíblemente intacto a la influencia de la maquinaria ideológica nacionalsocialista. Como si los años no hubieran pasado, repite sistemáticamente los dogmas de fe nacidos a principios de los 30. En algunos aspectos es grotesco por su anacronismo (camina por la calle a paso ligero y canturreando marchas militares, “soy un super-alemán”, afirma mientras sigue practicando orgulloso el característico culto al cuerpo, escucha canciones de la época en viejos discos…) pero estos elementos un poco cómicos se trasladan al lado oscuro cuando las ideas más viles siguen aún arraigadas con fuerza (“Hitler no se equivocó en nada”, “los campos de concentración son propaganda”) y aparece la cara más bestial del llamado revisionismo.

El proceso de desnazificación se ha filmado bastantes veces en el cine, desde las hilarantes situaciones en las oficinas americanas de A Foreign Affair (Berlin Occidente) (1948) de Billy Wilder hasta los dramáticos interrogatorios a Furtwängler en Taking Sides (2001) de István Szabó. Schwaiger aplica a su personaje un personal método de desnazificación 60 años después del fin de la guerra mundial. Una vez presentado el personaje, quien hablando un rato ya se define él sólo muy claramente, el realizador plantea varios mecanismos delante de la cámara, algunos de ellos típicos de lo que fue la desnazificación oficial, como proyectar películas y mostrar fotografías sobre los campos de exterminio. En otro momento, le encara ante un superviviente – también austríaco – de Mauthausen. Y también dispara algunas preguntas comprometidas sobre algunas situaciones concretas que permanecen nebulosas en la memoria del protagonista.

Las preguntas que lanza el director no sirven para doblegar la mente de este nazi tozudo (como mínimo externamente, aunque sí nacen unos extraños dolores bucales, que Schwaiger define como psicosomáticos). Pero aunque las respuestas del ex-SS sean noes, las preguntas van dirigidas a todos los espectadores, y en general señalan a esa sociedad española que permitió y permite que los nazis se refugien en su país como si nada hubiera pasado. Una mezcla de hipocresía e ignorancia, una España muy negra, que encuentra su refleja en esta Marbella corrupta el extremo, punto de refugio y encuentro de antiguos SS y fascistas de todo tipo (entre otros elementos de destacable curriculum).

Desde un punto de vista histórico, podríamos seguir tirando del hilo. Por ejemplo, no se ha hecho en España ni un documental, ni un reportaje mínimamente conocido sobre algunos ilustres nazis aquí cobijados. Quizá uno de los caso más increíbles sea el de Ante Pavelic, presidente de Croacia durante 1941-45, responsable máximo del exterminio de decenas de miles de víctimas y del campo de exterminio de Jasenovac, quien murió en Madrid (1959) sin ser juzgado y los familiares del cual aún viven en España, sobrantes de dinero. Aún hay camino por recorrer aunque en algunos casos ya es demasiado tarde para empezarlo.

Ver en Naranjas de Hiroshima TV.

Fuentes de Información: Hafner’s Paradise, Artículo de M. Martí Freixas, publicado en Blogs&Docs.

Undergångens arkitektur – Arquitectura del destino


Titulo Original: Undergångens arkitektur
Titulo en Inglés: The Architecture of Doom
Año: 1989
País de Producción: Suecia
Duración: 119 min.
Formato: 35 mm, Blanco y Negro
Dirección, producción y guión: Peter Cohen
Editor: Peter Cohen
Narrador: Sam Gray (en Versión original en Alemán es Bruno Ganz).
Co-producida por: POJ Film Produktion AB; Sveriges Television Kanal 1, y Sandrews Film & Teater AB Filmmixarna (mezcla de la película).
Idioma: Versión en Ingles con subtítulos en Castellano.

Anatomía de una obsesión

Arquitectura del destino es un sorprendente documental del realizador sueco Peter Cohen (quien además asume labores como productor, editor y guionista); es decir, el caso de una obsesión en la cual el artista empeña todas sus fuerzas para conseguir plasmarla. Se trata de un material que, mediante un amplísimo fondo de imágenes de archivo, desarrolla la tesis de que el nazismo no fue sólo una ideología de conquista, sino que la práctica del exterminio organizado (de judíos, gitanos, eslavos y homosexuales, principalmente) estaba profundamente imbricado con la estética y era el reverso del sueño fascista de que el Tercer Reich fuese el principio de una nueva y superior raza alemana.

Vista desde este ángulo, la violencia fascista resultaba el camino más corto para alcanzar en el mundo un orden de belleza que, pese a lo demencial del planteo, se presumía que sería eterno. De esta manera nos son mostradas continuas muestras de la vocación estética de Hitler (su apoyo a la quema de libros de autores judíos, a la prohibición del arte de vanguardia bajo la acusación de ser un “arte degenerado”, sus diseños de arcos de triunfo, teatros y museos), elevadas al nivel de la megalomanía, en un argumento derivado del ensayo Hitler según Albert Speer, de Elías Canetti. En paralelo a ello, igual nos es enseñado material de archivo que documenta el plan secreto dentro del cual fue aplicada la eutanasia a los alemanes con problemas de retardo mental e incluso a aquellos enfermos de tuberculosis; unidas a lo anterior, semejantes revelaciones apuntan a la realidad de una trilogía perturbadora: el guerrero, para el exterminio a gran escala (mediante la destrucción de asentamientos humanos en países extranjeros y sus habitantes o en los campos); el médico, para la eliminación de los alemanes “defectuosos”, brindar las bases científicas encima de las cuales organizar el exterminio a gran escala y para desarrollar una gran ciencia que beneficiara a la Nueva Raza Alemana, mediante la realización de experimentos con seres humanos en los campos; y, finalmente, el esteta, cuya función sería la de elaborar el aparato conceptual dentro del cual sucedería lo anterior, además de crear un entorno bello para el hombre futuro.

Fue Canetti quien, con mayor sagacidad, mediante el análisis de las memorias de Speer, arquitecto de Hitler, comprendió la combinación según la cual la grandeza estética a la que aspiraba el nazismo precisaba del ejercicio de una inmensa cantidad de violencia organizada. Lo mismo que en su ensayo, el documental sigue la pista de la construcción de grandes obras de arquitectura al tiempo que la agresión fascista crece; pormenoriza en detalles de la megalomanía hitleriana en la remodelación de Linz, ciudad natal del Führer, para convertirla en “capital del arte mundial”, o en el sueño de sepultar Moscú bajo una presa cuando terminara la guerra y así borrarla de la memoria de los hombres. En la carrilera opuesta a toda esta voluntad creativa se encuentra la realidad brutal de la guerra, especialmente cuando está asociada a los instantes en que la balanza se inclina del lado de la derrota de Alemania, pues es allí cuando lo demencial alcanza su mayor estatura: vemos a Hitler, revisando la versión final de la maqueta de Linz, cuando los bombardeos prácticamente han destruido Berlín y los soviéticos se encuentran a las puertas de la ciudad. Que el trabajo de los diseñadores y arquitectos haya proseguido aún en esta situación, como si la ilusión fuese todavía posible, alcanza para revelar la magnitud del delirio implícito en el nazismo. Después de ello, lo mismo que en el ensayo de Canetti, el convencimiento en el Führer de que Alemania será vencida equivale a la idea de que todo, habitantes y cosas, merece ser barrido para que pueda algún día futuro renacer de sus cenizas; el testimonio de la grandeza del sueño serían las construcciones, la estética. En la secuencia que cierra la película, la única realizada en el presente, presenciamos una escena alucinante: en algún sitio de Europa, en el sótano de alguna casa, ha sido descubierta toda una colección de retratos al óleo de las más altas figuras de la jerarquía del partido nazi. La cámara se mueve entre los cuadros apilados, finalizando en el de Hitler y entonces el delirio regresa: si los restantes habían sido ejecutados con meticuloso realismo, el de Hitler nos lo muestra con la armadura propia de un guerrero medieval y portando en la mano derecha una bandera batida por el viento.

Fuente de información: Reseña escrita por Víctor Fowler Calzada, para Miradas (EICTV).

Versión en Ingles con Subtítulos en Castellano.

http://www.overstream.net/view.php?oid=myegivihldsc