Hace ya más de un año que una idea asaltó al cortometrajista malagueño Jesús Hernández. «Desde siempre me han apasionado las películas colectivas como «Historias de Nueva York» o «Lumière y compañía»; me atraen mucho las obras que recogen las diferentes visiones que diversos directores aportan sobre un mismo tema, cada uno con su estilo y particularidades, y se me ocurrió que el Zodíaco podría resultar un perfecto denominador común para contar una docena de historias distintas e independientes entre sí», comenta Hernández. Así nació «Doce«, un largometraje formado, pieza a pieza, por otros tantos cortos, cada uno vinculado a un signo zodiacal en concreto.

Jesús Hernández eligió realizar el cortometraje correspondiente a su propio signo, Virgo, y buscó a once jóvenes directores que quisieran acompañarle en la aventura. Encontró a varios en su Málaga natal (Carlos Murante, autor de «Tauro», Enrique Parapar, responsable de «Géminis», María José y Toñi Salas, artífices de «Leo», Emilio López, creador de «Libra» y Nacho Recio, que firma «Capricornio»), y el resto de los signos del zodíaco se repartió entre cineastas de muy dispares orígenes: el burgalés José Miguel Piña («Aries»), la argentina Paula Álvarez («Cáncer»), el canario Roberto Pérez Toledo («Escorpio»), el cántabro Miguel Casares («Acuario»), el asturiano Enrique Pedraza («Sagitario») y el onubense Manuel Hernán («Piscis»).

Como punto de partida, se acordaron algunas reglas: la duración de las piezas no sobrepasaría los quince minutos y los directores buscarían individualmente la inspiración y el modo de relacionar su historia con el signo que les correspondiera (ya fuera de manera literal o abstracta). Un año después, cada realizador ha producido de manera autónoma su cortometraje, con libertad absoluta de estilo y género, utilizando cámaras de vídeo digital y sin presupuesto ni subvención alguna.

El resultado se erige, por tanto, como un ecléctico compendio, que engloba desde obras de corte clásico hasta la vanguardia más radical: una comedia romántica, un drama de personajes, un par de videocreaciones, un trabajo de animación, un thriller, un fotomontaje… En definitiva, se trata de un heterogéneo y variopinto «collage» audiovisual en el que cada espectador encontrará su territorio.

Sus responsables quieren lograr la máxima distribución para el largometraje final, pues «Doce» constituye para ellos una plataforma desde la que presentar un cine fresco y original, lejos de imposiciones comerciales y que no necesita dos millones de euros ni un puñado de rostros populares para conectar con el público.