Dirigida por Michael Caton-Jones y protagonizada por John Hurt, la trama transcurre en la Escuela Técnica Oficial de la capital ruandesa, donde más de 2.000 personas buscaron refugio en los primeros días de las matanzas. El recinto estuvo vigilado durante unos días por las fuerzas de de la ONU desplegadas en el país, pero éstas recibieron la orden de retirarse y, una vez que lo hicieron, la mayor parte de los refugiados fueron masacrados.


El título de la película, «Shooting Dogs» (Disparando a los perros), hace referencia a una acción que se convirtió en habitual durante el genocidio: los cascos azules de la ONU, cuyo mandato no les permitía intervenir para parar las matanzas, disparaban a los perros que devoraban los restos humanos esparcidos por las calles.

El genocidio comenzó horas después de la muerte, el 6 de abril de 1994, del entonces presidente Juvenal Habyarimana, cuyo avión fue derribado cuando se aproximaba a Kigali. La radio estatal culpó del siniestro a los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, y junto con líderes locales, alentó a milicias extremistas hutus, soldados del ejército y a la propia población civil a «ponerse a trabajar» y acabar con el enemigo y con «sus cómplices», como eran definidos todos los tutsis de Ruanda.

La población ruandesa está compuesta por un 84 por ciento de hutus, un 14 por ciento de tutsis y un 1 por ciento de «twa» o pigmeos, que viven en las selvas del país. En sólo tres meses, entre 500.000 y un millón de tutsis y de hutus moderados, según distintas fuentes, fueron masacrados, principalmente con machetes, en una orgía de sangre en la que vecinos mataron a vecinos, maridos hutus acabaron con sus esposas tutsis y no hubo piedad ni con bebés o mujeres embarazadas.

«Sometime in April» y «Hotel Ruanda»

Una década después, las heridas siguen abiertas para muchos en Ruanda, y durante el rodaje hace unos meses de «Sometime in April» (En algún momento de abril), del realizador haitiano Raoul Peck, fueron necesarios psicólogos para asistir a supervivientes traumatizados por la representación de los acontecimientos.

Pero en el genocidio también hubo héroes, y la película «Hotel Ruanda» está dedicada a uno de ellos: Paul Rusesabagina, gerente del hotel «Mil Colinas», que logró salvar la vida a los más de mil tutsis que durante dos meses se apiñaron en los pasillos y habitaciones del establecimiento de cuatro estrellas.

Mientras hacía llamadas internacionales pidiendo socorro, Rusesabagina consiguió, mediante sobornos, bebidas, amenazas y otras artimañas, que las milicias no entraran en el hotel y masacraran a los refugiados, que sobrevivieron, hasta que fueron evacuados por la ONU, casi sin comida y bebiendo agua de la piscina.

Rodado en Sudáfrica, debido a la falta de condiciones logísticas en Ruanda, el filme fue dirigido por el irlandés Terry George, nominado al Oscar por «En el nombre del padre». Rusesabagina, que actualmente vive en Bélgica y asesoró al equipo de la película, es interpretado por la estrella de Hollywood Don Cheadle.

Adaptaciones al cine de libros

Además de los tres largometrajes ya en camino, hay planes de llevar a la pantalla grande el libro del periodista canadiense Gil Courtemarché, Un domingo junto a una piscina de Kigali, así como Shake hands with the devil (Dar la mano al diablo), el reciente libro del ex general Roméo Dallaire, que en 1994 comandaba las fuerzas de la ONU en Ruanda.

El primer largometraje que exploró los acontecimientos de Ruanda fue «Cien días», rodado hace tres años con un pequeño presupuesto por Nick Hughes, un ex cámara de la CNN.